Nos vamos a Soumoulou!

Cada año se celebra en esta localidad francesa dos grandes desembalajes y el de primavera no lo dejamos pasar. Ya estamos organizando la visita para ir el sábado 7 de mayo con nuestros alumnos de los cursos de restauración y con todos los amigos que estén interesados. Por tradición, calidad de los objetos y precio es una visita que no te puedes perder si te interesan las antigüedades.

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feria antigüedades

feria antigüedades

VINTAGE NO SON ZARRIOS VIEJOS

Vintage es el término empleado para referirse a objetos o accesorios de calidad que presentan cierta edad, los cuales sin embargo no pueden aún catalogarse como antigüedades. Se utiliza para designar instrumentos musicales, automóviles, libros, fotografías, y, más recientemente, prendas o accesorios de vestir, además de videoconsolas y videojuegos.

 

La palabra vintage se utiliza en principio para referirse a aquellos objetos que han sobrevivido al menos veinte años después de su creación convirtiéndose en un clásico preciado. Sin embargo, en el mundo de la moda, se viene utilizando vulgarmente para catalogar también artículos nuevos inspirados en los clásicos, que en realidad son de estilo “retro”.

 

La atracción por lo vintage deriva de las siguientes razones:

– Exclusividad: La mayoría de los productos vintage fueron producidos en pequeñas cantidades y son menos aún los que han llegado a nuestros días.

– Calidad: La confección de este tipo de objetos suele ser exquisito. Son artículos caracterizados por su buen hacer, muchas veces de manera artesanal en su totalidad o gran parte de ella.

– Materiales: Gran parte del género con el que se realizaron en su momento tiene hoy un precio desorbitado.

– Valor económico: Su precio está muy alejado de similares actuales. Su valor incrementa según la época a la que pertenece, el diseñador que la creó, su buen estado y en algunas ocasiones, incluso, a quién perteneció.

– Historia: Los consumidores de este tipo de prenda dan gran valor añadido a su carga histórica. De hecho, uno de los lugares para adquirirlos son precisamente anticuarios.

– Coleccionismo: No todo el público adquiere estos artículos para su uso. En ocasiones se crean auténticas colecciones privadas de diseño por el mero placer artístico de su posesión.

 

Tal es el valor actual de lo vintage, que muchas empresas están recurriendo a esa estética en sus nuevas colecciones.

 

Fuentes: Wikipedia, definición.de, eHow

RUTA VINTAGE EN ZARAGOZA

A estas alturas, el concepto vintage está casi tan desgastado como algunos de los objetos que suele nombrar. Aún así, su esencia, ese gusto nostálgico por el sabor y la estética del pasado más reciente, vive en Zaragoza una época dorada desde el punto de vista decorativo. Empieza a no ser casualidad el ramillete de negocios que enarbola como bandera los ambientes caseros, tradicionales y acogedores aplicados, por cierto, a propuestas muy variadas, que van desde un restaurante a recientes incorporaciones como una frutería.

Jorge Espa se felicita del fenómeno. Y es una voz autorizada. Desde su tienda La Prendería (ahora situada en el 126 de la calle el Coso) reivindica su papel pionero en el mobiliario y los complementos retro en Zaragoza. Hace 15 años dejó su profesión, la veterinaria, para empezar a vender las cosas que me gustan. Y las cosas que le gustan a Jorge Espa son, sobre todo, las relacionadas con su infancia: objetos, muebles y caprichos de los 60 y 70. Pero, ¿qué tiene esta época que gusta tanto? Yo creo que sigue siendo moderna y es alegre, opina. Aún así, Jorge explica que Zaragoza sigue siendo una plaza complicada para este tipo de mueble: Aún hay gente que ve el óxido de una silla antigua de diseño industrial como un problema, en lugar de como un valor añadido, se lamenta. Aunque dice que trata de ejercer cierta labor didáctica, entiende que el aprecio por este tipo de muebles o se tiene o no se tiene. Es curioso que la mayor parte de mi clientela es gente mayor, más que joven e, incluso, esa gente mayor trae a sus hijos, cuenta Espa.

 

Jorge Espa, de La Prendería. Foto: Oliver Duch (Heraldo)

Aunque lo ve como una estupenda oportunidad para su propia tienda (creo que va a haber más gente que entienda este tipo de decoración), Jorge encuentra irónico que la gente, en general, se piense tanto comprar una silla antigua para su casa y, sin embargo, haya cola para entrar en lugares como el restaurante Ric 27.

Efectivamente, el local del 27 de la calle Pedro María Ric de Zaragoza es una de las últimas sensaciones de la ciudad. Sus propietarios, Antonio Potenza y Daniele Cabana, están aún sorprendidos por el éxito de su propuesta a la que se lanzaron con, confiesan, algo de miedo. Una profunda reforma del espacio descubrió un imponente tragaluz que realza la decoración, realizada a base de objetos antiguos e, incluso, recogidos de la basura y recuperados por ellos mismos. La inspiración surgió de sus viajes y de un estilo de negocio que, en realidad, prolifera por toda Europa. En Ric 27 hay sillas diferentes, sillones chipperfield, marcos comprados a una oenegé fabricados con maderas de barcos de pescadores o juegos infantiles de los años 70 que se mezclan con lámparas de diseño contemporáneo.

Ric 27, country vintage y comida mediterránea. Foto: Asier Alcorta (Heraldo)

 

A juicio de Antonio y Daniele, había un nicho en la capital aragonesa. Hay, dicen, demasiados locales de aspecto formal, pero faltaban otros dirigidos a gente también más joven, donde el ambiente fuera desenfadado, fresco, divertido, en el que se pudiera estar relajado, casi como en casa, pero sin perder de vista la calidad de la comida.

Otra prueba de lo bien que se llevan el buen comer y la cuidada decoración tiene desde hace apenas tres meses un original ejemplo en Zaragoza. Se trata de la frutería La Zarzamora, que busca ofrecer producto de calidad y a un buen rpecio, pero sin perder de vista la presentación. En el número 2 de la calle Cervantes, donde antes se stituaba una zapatería, ha brotado un coqueto comercio atendido por Carlos Gómez Vías y Jesús Cornejo.

 

 

La Zarzamora: comprar fruta puede ser chic. Foto: Oliver Duch (Heraldo)

 

Carlos, de familia de fruteros, explica que La Zarzamora es un proyecto personal, en el que combinamos todo lo que sé del mundo de la fruta con nuestro propio estilo, con el gusto por cuidar los detalles. La Zarzamora se propone acabar con la idea de que lo asequible no puede estar bien rpesentado: Aquí apostamos por un producto de gama alta, pero con buena relación calidad precio. La presentación es fundamental, exponemos el género en cantidades más pequeñas, para que vea mejor y la forma de comprar sea menos automática. Así, la fruta en La Zarzamora se dispone en bandejas, platos de porcelana, cajas de madera de sabor añejo o muebles reciclados o custamizados por los propietarios.

Fuente: Heraldo.es